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Frente a la tecnología humana, fruto de sólo diez mil años de avances y errores, la mecánica que encontramos en el mundo natural es el resultado evolutivo de miles de millones de años. Ambas «tecnologías» comparten un mismo entorno físico —los mismos materiales, la misma atmósfera y la misma gama de temperaturas— y están sometidas a la misma fuerza gravitatoria.
Sin embargo, sus «diseños» no pueden ser más diferentes. Si a los ingenieros humanos les gustan los ángulos rectos y las aristas, la naturaleza prefiere, en cambio, las formas curvas y con ángulos más diversificados. Mientras aquéllos trabajan con la rigidez y la resistencia, ésta explota la flexibilidad y la elasticidad de los materiales. Nuestros buques navegan boyantes por la superficie de las aguas, cuando, generalmente, los seres vivos nadan sumergidos. Nuestras bisagras giran gracias al deslizamiento de piezas duras, pero las bisagras naturales (como las orejas del conejo) giran doblando sus elementos flexibles.