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¿Qué puede hacer una escritora cuando quiere contar cómo ha vivido el planeta?...
¿Cuando quiere reencontrar todas las vivencias?
¿Cuando quiere volver a aspirar el aroma de aquella flor o traer a la retina el sol pálido de un invierno en la estepa gélida, o el embaucador naranja de un atardecer del sur?
¿Cuando quiere recordar los amores fugaces que encontró muy lejos?
¿Cuando quiere tener otra vez a su lado a los amigos que se cruzaron con ella por los caminos de las antípodas y que por unos días fueron entrañables?
¿Cuando quiere expresar todo lo que la vida le trajo o le quitó en un viaje, y entre viaje y viaje?
¿Cuando quiere describir el acontecer político en esos países que la apasionan, y descubrir su historia?
¿Cuando quiere revelar jirones de la historia de su propio país que le tocó presenciar?
¿Cuando quiere confesar las diferentes personalidades que los distintos momentos y países le han hecho asumir?
¿Cuando quiere ver y comprender realmente, con la perspectiva del tiempo y a la luz de los conocimientos actuales, cómo fue este mundo, cómo fueron en realidad las complejas, oscuras, enredadas historias de la Historia en los países vividos, y cómo era el aire que se respiraba?
¿Qué tiene que hacer?
Simplemente, una ensalada, con mil sabores y colores, como es la vida. Ésta es la "Ensalada rusa" que intenté.
Antes de iniciar la serie "Mapamundi" con este primer volumen basado en mis cuatro viajes a la URSS, solicité opiniones sobre este tipo de libros a algunos expertos.
El primero dijo: "Los libros de viajes de lo que menos tratan es de eso, de viajes".
El segundo opinó: "En México estamos en pañales en materia de libros de viajes. No interesan".
Y el tercero, entusiasta, exclamó: ";Los libros de viajes son los que más se venden en el mundo!" Agradecí las opiniones; pero, con o sin ellas, yo tenía que escribir, que revivir, este libro.
Espero, lector, que viajes conmigo y que... ¡la ensalada te sepa sabrosa!
M.D.