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Georges Simenon es, con mucho, uno de mis escritores favoritos. Tiene todos los atributos literarios que admiro en un novelista: sus relatos sacrifican complejidad en beneficio de la profundidad en la caracterización de sus personajes. Y su escritura denota en su efectividad la escuela periodística de sus primeros años de trabajo. La prodigalidad de este escritor belga le dio al mundo una vasta obra de 192 novelas. Habiendo leído de ellas apenas un puñado, me ocurre frente a un libro rotulado con su nombre que se me abre una especie de apetito, porque lo que lea no podrá dejarme indiferente.
Los Anillos de la Memoria es una pequeña joya, donde se nos pone en el interior de la cabeza de un hombre que ha quedado súbitamente hemipléjico. Se trata de una figura poderosa del periodismo local, que se codea con políticos y millonarios. Pero la enfermedad, que le impide comunicarse con otros, termina por transformarse en una oportunidad para buscar al interior de sí lo más importante y duradero. Y lo que aparece son los pormenores de su vida íntima, abarrotada de escenas dolorosas y fracasos mal encubiertos. El poder y el éxito pierden sustancia en aquella situación de fragilidad existencial en que le deja sumido la parálisis, y sus preocupaciones se vuelcan hacia esos rincones íntimos donde las emociones es esconden.